Las bicis eléctricas de Wanderlust

Ayer tuve la oportunidad de probar las bicis con asistencia eléctrica de Wanderlust. Esta es una nueva propuesta turística en Buenos Aires que apunta especialmente a esas personas que les gustaría conocer la ciudad en bicicleta, pero por distintas razones no quieren (o no pueden) realizar todo el esfuerzo que conlleva pedalear 5 horas (eso es lo que dura el tour de día completo)

Las bicis son rodado 20 del tipo plegable con llantas de doble pared y suspensión delantera. “Asistencia eléctrica” significa que igual es necesario pedalear para avanzar, pero que el motor eléctrico nos dará un empujón en los momentos que requieren mayor esfuerzo. Para quien nunca probó este sistema, podría decirse que se siente como si de repente una ráfaga de viento a favor nos empujara. En estas bicis se puede elegir 3 niveles de asistencia (low, medium, high) dependiendo de cuánto estemos dispuestos a pedalear.

Una cosa novedosa es que a cada pasajero se le da un receptor inalámbrico con el que puede ir escuchando lo que las guías van explicando. De esta manera se puede seguir el relato tanto en las paradas como durante el pedaleo.

Pero mejor que yo lo puede contar la propia Mariana de Wanderlust, por eso acá dejo esta breve entrevista que improvisamos antes de arrancar.

Vamos ¿a la playa?

Hace tiempo que tenía pendiente este post. De hecho era para el verano y ya estamos en pleno otoño en el hemisferio sur. Pero como dicen “no hay mal que por bien no venga”, hace unos días pasó algo que me ayudó a cerrar la idea y bajarla a estas palabras.

Varios años atrás con la excusa (cierta) de la contaminación de Río de la Plata, las playas del Gran Buenos Aires fueron cerradas al público por el Gobierno. Pero eso no fue todo ya que la costanera se empezó a usar para tirar ahí escombros y otros residuos de demoliciones. Así fue como se terminó por alejar a la gente del agua.

Yo creo fuertemente en aquello de que uno no puede amar lo que no conoce, y lo que pasó en estos últimos años es que mucha gente dejó de vivir el río y su costanera. Dejó de disfrutar de sus bondades, e incluso muchos chicos se criaron sin saber la maravilla natural que tenían a pocos metros o kilómetros. ¡Qué difícil resulta entonces convencer a cualquiera de la importancia de cuidar nuestro río, nuestra agua, los humedales con su flora y fauna! Si los propios habitante de la región no crearon un lazo de afinidad con su río ¿cómo podemos pretender que lo quieran y lo defiendan?

Durante los últimos veranos distintos gobiernos de esta zona empezaron a promocionar sus “playas”. Y lo pongo entre comillas porque no son exactamente eso, sino tibios premios consuelo. No está mal la intención de volver a acercar a las personas al río, pero me preocupa la idea de que nos conformemos con eso. Las playas de Buenos Aires no pueden ser solamente un conjunto de sombrillas y arena artificial para ver el agua desde lejos. Los porteños/bonaerenses merecen recuperar sus balnearios. Claro que esto implica un compromiso fuerte y de fondo por parte de los gobernantes de turno. Habría que retirar todos los escombros, encarar un control ambiental serio de nuestros ríos, educar a la gente para que se bañe con cuidado y establecer un servicio de guardavidas.

Lo que pasó hace unos días es que en la Reserva Ecológica Costanera Sur el Gobierno porteño terminó de quitar toda la basura y escombros de una franja de la costa. La playa vio la luz después de años de haber estado oculta por la desidia humana. Hace poco tuve la oportunidad de llegar en bici hasta ahí y me sorprendí gratamente con cómo la gente ya se había apropiado del lugar. Parejas caminando juntas, familias tomando mate, varios lectores… Todos ellos disfrutando un momento agradable junto al agua y creando ese lazo de afinidad del que hablaba antes.

Al día de hoy son unos pocos metros recuperados, pero ojalá este sea el comienzo de un cambio que nos ayude a valorar la naturaleza que nos rodea de cerca y en definitiva a valorarnos… porque nosotros somos parte de ella.

Capilla del Señor en bici (a pulpería Los Ombúes)

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En esta oportunidad traigo la descripción de otro recorrido en bici por mi querida pampa húmeda. Se trata de una vuelta de 38 km. que une la ciudad/pueblo de Capilla del Señor con la histórica pulpería Los Ombúes, cercana al paraje Andonaegui. Para quien no sepa, las pulperías eran (¡y son!) aquellos almacenes de campo de ramos generales. Su mayor importancia creo que radica en que se trata de lugares de encuentro para los habitantes de la zona y postas para los viajeros. Las pulperías han sido siempre todo un fenómeno social del cual recomiendo leer un poco a quien le interese.

En el partido de Exaltación de la Cruz, la pulpería Los Ombúes permanece en pie y funcionando luego de más de 200 años de historia. Quien maneja hoy el negocio es la señora Elsa, nieta de uno de los primeros dueños que tuvo el lugar. Es realmente una auténtica pulpería, lejos de cualquier “adaptación” de esas que suelen suceder a menudo en lugares muy frecuentados por el turismo.

Había escuchado y leído que Los Ombúes se destacaba por la fama de sus picadas de salames y quesos. Esta simple razón me bastó para empezar a planificar la ruta y la travesía en bici. Con el mismo argumento convencí a mi hermano de que acompañara y tras postergar la salida unas semanas por cuestiones climáticas, finalmente partimos para allá.

Este recorrido es por caminos de tierra, ruta asfaltada y una calle de asfalto bastante poceada. Una linda mezcla de superficies para divertirse durante el trayecto.

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El domingo por la mañana cargamos las bicis en el auto bien temprano y después de una hora llegamos a Capilla del Señor. Estacionamos, descargamos las bicicletas y comenzamos el circuito saliendo hacia el oeste de la ciudad por el camino que lleva a Diego Gaynor.

Había llovido un poco dos días antes por lo que esperábamos algo de barro. Si bien el camino estaba húmedo, las mayores dificultades las presentaban las huellas profundas que habían dejado camionetas y tractores. Tuvimos que pedalear prestando mucha atención constantemente para no caer dentro de ellas, cosa que lo hizo sumamente divertido pero mentalmente bastante cansador.

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Después de llegar a la estación Chenaut tomamos la ruta 193 hacia la derecha para recorrer por ella unos 2 kilómetros. Había tránsito pero no tanto, de todas formas por seguridad usamos chalecos refractantes en este tramo. Salimos de la ruta hacia la izquierda donde se ve un gran galpón y está el comienzo del camino asfaltado hacia Andonaegui. Este asfalto actualmente (2017) tiene muchos pozos y está deteriorado por lo que hay que ir esquivando estos obstáculos. Aún así, después de haber venido pedaleando por barro ¡esto era un lujo!

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Seguimos por este camino pasando por una fábrica de quesos, una escuela y finalmente -luego de una curva- la famosa pulpería Los Ombúes. Lo primero que hicimos fue entrar a conocer el local que es realmente genuino. Se destaca su mostrador de estaño con rejas, típico de estos lugares donde antiguamente había peleas de facón. Esas rejas eran entonces una protección para el pulpero.00-pulperia-los-ombues

Nos encontramos con la señora Elsa y le contamos que veníamos para conocer Los Ombúes y probar la picada. Nos recibió muy amablemente y pudimos conversar unos minutos con ella a pesar de que siendo domingo tenía mucha clientela que atender. Uno de los muchachos que la ayudaba nos preparó la picada, cortando en el momento salame, jamones y quesos que resultaron una delicia… mucho más habiendo llegado hasta ahí a puro pedal.

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Ya satisfechos esperamos un tiempo prudencial antes de arrancar a pedalear de nuevo. Aprovechamos a descansar con las bicis bajo la sombra de uno de los ombúes, nos sacamos una foto juntos y después partimos rumbo a Capilla del Señor nuevamente.

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El regreso lo hicimos por el camino poceado hasta la ruta 193. Pero desde ahí, en vez de volver por donde vinimos, cruzamos la ruta y seguimos por el camino de tierra que nace en ese lugar, que kilómetros más adelante es la extensión de la calle San Martín de Capilla. Todo este tramo hasta el final es de tierra y huella marcada como a la ida, pero en este caso se ven más casas, entradas de nuevos barrios privados y estancias. Esta parte tiene pocas curvas y cuando llegamos a Capilla se transforma en asfalto.

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Durante estos 38 km. que tiene toda la vuelta que dimos uno se cruza varias veces con las viejas vías de tren. Algunas personas que suelen leer estos relatos me contaron que cruzar vías les generaba cierto temor a caerse de la bici. Por eso quise aprovechar para grabar este video para explicar cómo es la forma más segura de hacerlo. La idea es cruzar bien perpendicular a las vías. Hay que intentar que el ángulo entre nuestra rueda y los rieles no sea menor a 90° (con la experiencia uno va achicando este valor) Así evitaremos que nuestra cubierta quede enganchada en la vía y se trabe haciéndonos caer. ¡Prestar atención especialmente cuando los rieles cortan de forma oblicua el camino por el que venimos andando! A los experimentados esto les parecerá una obviedad, pero no quería dejar de hacer la aclaración para aquellos que se están recién animando a salir con la bici.

Mapa del recorrido (38 km.)

A Villa Ruiz en bici

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Hace unos días hice un recorrido cicloturístico que une las localidades bonaerenses de Open Door, Torres y Villa Ruiz. Aunque no estaba en la idea original, el abundante barro en los caminos hizo que el regreso lo hiciera a través de Carlos Keen.

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Partí desde la estación Palermo del tren San Martín. Tomé el tren hasta Cabred, que es el final del recorrido. Esa es la estación de la localidad Open Door (casi 70 km. de la Capital Federal). El viaje  dura casi dos horas porque hay muchas paradas intermedias. Subí con la bici al furgón (hay uno en cada extremo del tren) y la colgué en uno de los ganchos. Con una linga até la bici a uno de los caños y me fui a sentar al vagón contiguo con los demás pasajeros. No era el plan original, pero estando ahí consideré que al estar viajando solo era la mejor opción. No me inspiraba seguridad quedarme junto al a bici en ese furgón casi vacío. Desafortunadamente no llevaba conmigo una linga larga y segura para sujetar el cuadro, así que la até con una secundaria que llevaba encima. Era lo que había… pero sirvió.

El tren llegó a la estación Cabred, bajé y salí pedaleando por la ruta asfaltada 192 que es la que une Luján con Capilla del Señor. Me encontré con más tránsito del esperado, así que toda la atención estaba puesta en ir bien pegado a la línea blanca. No hay banquina y la cinta asfáltica cae abruptamente hacia los lados, así que hay que ir con mucho cuidado de no “morder” ese desnivel.

Después de pedalear 7 kilómetros llegué a Torres, que tiene mas o menos 8 cuadras por 11. Acá lo que se luce mucho es su cartel de bienvenida que ilustra de manera muy colorida la vida de la región.

02-entrada-a-torresAhí mismo giré a la izquierda y tomé la calle Nemesio Litardo que nos lleva directamente hasta el predio de lo que era la estación de trenes de Torres (este tren, como tantos otros, dejó de correr en la década de 1990).

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Por esa misma calle hay que seguir hasta salir del pueblo y entrar en el camino de tierra que nos llevará hasta Villa Ruiz. Al final de este post hay un mapa en el que vas a poder ver bien en detalle el recorrido.

A pesar de que no llovía desde hacía varios días me encontré algunas zonas puntuales con mucho barro y hasta grandes charcos. Según me comentaron otros cicloturistas, esta área suele ser así constantemente, así que te recomiendo considerarlo en la planificación de una salida (sobre todo por el tiempo que consume atravesar caminos en esas condiciones). El resto del trayecto estaba bastante bien.

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El recorrido rodea varios campos por lo que no es tan lineal y directo. Así es que uno pasa por muchas intersecciones y varios giros. Sugerencia: ir chequeando mapa o GPS constantemente para no equivocarse y gastar energía pedaleando varios minutos en sentido equivocado.

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Esta foto corresponde al último tramo antes de llegar a Ruiz. Decidí sobre la marcha hacer una variante y evitar entrar por ahí ya que me pareció que ese sendero tenía demasiado barro y me iba a demorar mucho lo previsto en el plan. (Ver en el mapa la diagonal color verde claro).

Decidí seguir en el camino por el que venía y llegar hasta el asfalto del camino que une Ruiz con Carlos Keen. Si bien me abría un poco (3 km más que el plan original) el buen estado hizo que pudiera compensar la cosa al poder ir más rápido.

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¡Este tramo de asfalto se disfruta mucho para hacerlo en bici! Lo que pasa es que el pavimento termina justamente en Ruiz, así que no hay mucho tránsito automotor (pero supongo que los domingos debe ser más movido por el turismo). La superficie está perfecta, sin baches y bien demarcada. Aunque prefiero los caminos de tierra, este fue uno de los puntos que más disfruté de esta salida. Si van a pedalear por acá de lunes a sábado por la mañana… ¡es imperdible!)

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¡Finalmente llegué a Villa Ruiz! Un arco da la bienvenida al viajero y unos cientos de metros después hay que girar a la derecha en la calle Belgrano que lleva al predio de la estación de trenes. El edificio está muy bien conservado y se usa actualmente para varias actividades como por ejemplo para un centro de jubilados y una feria de productos artesanales. Se luce en su fachada una hermosa imagen de la Virgen de Luján.

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Hay varios lugares interesantes para conocer. Entre ellos el antiguo almacén de Félix Lapegüe (Donde compré un rico sandwich para almorzar), la Capilla de Nuestra Señora de la Asunción y el Club Social y Deportivo Villa Ruiz. Además, muchas otras construcciones dignas de detenerse a observar.

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Durante el almuerzo tuve tiempo de revisar el regreso a Open Door. En principio pensaba hacerlo por el mismo lugar por donde había venido, pero para evitar las zonas con mucho barro tomé la decisión de ir hasta Carlos Keen por asfalto y desde ahí otro camino de tierra hasta Torres. Estos caminos que están cerca de Carlos Keen suelen estar en buen estado porque hay mucha construcción en los loteos de la zona y los mantienen bien para los camiones que necesitan entrar y salir constantemente. Así es que aproveché eso y agarré por ahí.

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En esta foto se ve a lo lejos el viejo granero de la estación de Carlos Keen. Sobre este lugar ya escribí otro post sobre cicloturismo que podés encontrar haciendo click acá.
El regreso fue muy bueno, con varios giros y con la superficie en muy buen estado (alguno que otro tramo de “serruchos” hubo, pero  muy poco).
Una vez en Torres hice una parada para descansar y juntar energía para el tramo final por la ruta 192 hasta Open Door. Encaré esa última parte y llegué a la estación Cabred media hora antes de la salida del tren. Eso me dio tiempo para comprar una botella grande de agua fría (había sol y 29 grados) y conocer un poco el lugar.
Llegó el tren, colgué y até la bici y me fui a buscar un asiento.

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Mapa del recorrido (56 km.)

Test: cámaras Sello Azul para bicicletas

En el post anterior hice la prueba de las cámara Colla para bicicleta. Ahora es el turno del test de desempeño las cámaras Sello Azul, también de industria argentina. A diferencia de otras cámaras nacionales, estas se venden en caja de cartón como pasa con algunas extranjeras.

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Las Sello Azul se fabrican en la ciudad argentina de Santa Fe, por la empresa Caucho Santa Fe S.A. En este caso el producto analizado fue una cámara de caucho natural 26×195 con válvula tipo Schraeder vulcanizada.

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La marca viene escrita en relieve sobre la superficie de la cámara.

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La siguiente es una medición realizada en un período de 1 semana. Se instaló la cámara en una bicicleta y durante esos 7 días, la bici tuvo un uso regular diario de tipo urbano.
El día 1 le apliqué una presión de 60 PSI, medida con un inflador de pie Giyo. 

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Una semana después con el mismo instrumento de medición, la cámara Sello Azul de caucho natural presentó una presión de 35 PSI, con lo que la pérdida de presión en 7 días fue de 25 PSI. El promedio entonces de pérdida por día se encuentra en aproximadamente 3,5 PSI, al igual que lo ocurrido en el test de la cámara Colla.

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De esta forma, se podría decir que las Sello Azul de caucho natural (también tienen productos de butilo) se encuentran en la gama de cámaras que necesitan un inflado regular. Son una opción económica, pero en contrapartida el usuario tiene que saber que va a tener que contar con un inflador siempre a mano. Aquellos que usen la bici sólo los fines de semana deberán inflar las ruedas prácticamente antes de cada salida. Para los que pedaleen a diario, al menos tendrán que tener en cuenta darle dos infladas semanales para mantener una presión casi constante de uso.

Test: cámaras Colla para bicicletas

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Las cámaras Colla, de industria argentina, son actualmente una opción popular entre los usuarios de bici a nivel urbano. Tal vez por ser una opción económica son fáciles de encontrar en casi cualquier bicicletería.
Sus prestaciones y desempeño están de acuerdo al precio y quizás una de los puntos más flacos es lo rápido que pierden aire respecto a cámaras más caras. Por lo tanto creo que queda a criterio de cada usuario decidir entre acostumbrarse a usar el inflador más seguido o hacer una inversión mayor y comprar cámaras más eficientes.

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La siguiente es una medición realizada en un período de 1 semana. Probé una cámara Colla 26 x 1.90, de caucho común con válvula vulcanizada tipo Schraeder (pico de auto).
El día 1 le apliqué una presión de 60 PSI, medida con un inflador de pie Giyo. 

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Pasados 7 días exactos y habiéndole dado a la bici un uso regular urbano ,la cámara presentaba una presión de 35 PSI. De esta forma podemos suponer que esta cámara pierde aproximadamente unos 3,5 PSI por día.
En este caso, el fabricante de la cubierta usada para la prueba recomienda un mínimo de 40 PSI, por lo cual al cabo de una semana tendríamos que volver a inflar la cámara sí o sí.
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Aquellos que usen la bici sólo los fines de semana tienen que saber entonces que con estas cámaras deberán inflar las ruedas prácticamente antes de cada salida. Para los que pedaleen a diario, al menos tendrán que tener en cuenta darle dos infladas semanales para mantener una presión casi constante de uso.

¡Mirá también el test que le hice a las cámaras Sello Azul haciendo click acá!

Prueba del Kit Penetrit Bike para La Guía BAiker

Para La Guía BAiker estuve probando el Kit de limpieza y lubricación de bicis que vende la marca Penetrit. Acá te dejo el link a la nota con mi opinión sobre este producto.
http://laguiabaiker.com/test-kit-de-limpieza-y-lubricacion-penetrit-bike/

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¿El WD-40 sirve para la cadena de la bici?

Una de las discusiones ciclistas que podríamos equiparar a la polémica “casco sí, casco no” es aquella acerca del uso del WD-40 para la cadena de nuestra bici. Cualquiera que busque en Internet la respuesta, probablemente terminará con mas dudas que certezas. Hay quienes dicen que sirve para ese uso y otros que directamente aseguran que no sirve.
Se sabe que generalmente lo mejor es remitirse a las fuentes. Por eso se me ocurrió buscar qué dice el fabricante al respecto. El mejor ejemplo que encontré en la cuenta de Facebook oficial de la marca (en Argentina) es el siguiente:

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Como se puede observar, el usuario que comenta afirma dos cosas que muchas personas creen: que no se puede usar y que no es un lubricante. Desde WD-40 Argentina le responden que el producto sí es un lubricante pero aclarando que se trata de uno liviano (es decir, no el más adecuado para el trabajo intensivo que tiene la cadena). Por eso mismo la respuesta hace hincapié en la función limpiadora del producto y sugiere que luego se le aplique a los eslabones un lubricante más pesado.

En resumen y para terminar con tantas vueltas y mitos: el WD-40 sí es un lubricante, pero no resulta el más adecuado para la cadena de la bicicleta. Quizás a raíz de esto sea que hace un tiempo la marca presentó los productos específicos para bicis, conocidos como “WD-40 Bike” que aún no tuve la oportunidad de probar. Cuando lo haga les contaré que tal me funcionan.

Solidaridad, en la calle también

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¿Cuántas veces escuchamos aquella frase de “los argentinos somos solidarios”? Creo que si bien es cierta, es incompleta. Sí, somos solidarios, pero en las catástrofes o situaciones límite. Es reconfortante ver cómo se activan rápidamente esos centros de recepción de donaciones y los numerosos grupos de personas que se encargan con esmero de clasificar y despachar.
Pero vengo a proponer que nos planteemos si en la vía pública, en un día cualquiera, realmente somos tan solidarios como decimos. Tomemos por ejemplo la prioridad de cruce del peatón: ¿cómo podemos presumir de solidarios cuando prácticamente no existe algo tan básico? Sí, es básico porque se trata de cuidarnos unos a otros, especialmente a los que tienen más que perder en un accidente. Y no, no es naíf ni utópico. Acá cerquita, en Uruguay nomás ya es otra historia. Da gusto cruzar el charco y ver cómo se cae solo el mito de que respetar al otro es una cualidad exclusivamente europea.
Pienso también en los bocinazos: ¿les gritaríamos  a las demás personas para que se apuren en la fila de un banco? ¿Y en la caja del supermercado? ¿Entonces por qué en la calle no tenemos el menor reparo en hacerlo?
Creo que no hace falta que continúe con ejemplos más obvios como el de aquel que estaciona tapando una rampa para discapacitados “solo por dos minutos” porque se bajó a hacer un trámite.
En las últimas décadas las calles de las grandes ciudades de nuestro país dejaron de ser una vía pública para pasar a ser el único camino que tenemos disponible para ir de un punto a otro, en el que vemos como algo desafortunado tener que compartirlo con los demás.
Caminar más, trasladarse en bici, usar el trasporte público y manejar con responsabilidad, son pequeñas oportunidades diarias que tenemos de ser solidarios con toda la fuerza que esa palabra tiene. No las desaprovechemos.

Entrevista a Juan José Mendez y Paula Bisiau

Para la edición #20 de La Guía BAiker entrevisté al Secretario de Transporte de la Ciudad de Buenos Aires y a la Subsecretaria de Movilidad Sustentable. Acá les dejo el link a la versión online de la revista.

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